En qué va la guerra
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Reacomodo de las Farc
Cuando empezó el gobierno del presidente Uribe, las Farc tenían aproximadamente 18.200 hombres distribuidos en 81 frentes. Ahora tienen cerca de 10.800 distribuidos en 64 frentes, y han disminuido sus compañías y columnas. Sus fuerzas han sido desplazadas de los grandes centros poblacionales y de producción a lo profundo de las montañas. Su mando central ha sido duramente golpeado. Muchas de las rutas de abastecimiento logístico han sido cortadas y las fuentes de recursos económicos obstruidas. Y con el rescate o la liberación de los secuestrados han perdido el factor de presión política que los mantenía comunicados con la comunidad internacional.
Pero esta guerrilla tiene aún posibilidades de subsistir a la política de seguridad democrática y continuar la guerra a lo largo y ancho del país. En los días posteriores a la 'Operación Jaque', algunos sectores del Gobierno abrigaron la esperanza de que las Farc entrarían en una desbandada general con la desmovilización de frentes y bloques enteros. Pero lo que se ha visto en estos meses es que 'Alfonso Cano' ha logrado consolidar su mando y definir una estrategia propia para resistir a la ofensiva gubernamental.
Ahora tenemos unas Farc con gran movilidad, distribuidas en pequeños grupos, que utiliza intensivamente el minado de grandes zonas, recurre a la fabricación de morteros y armas artesanales, apela a francotiradores, busca alianzas con bandas emergentes para retomar corredores del narcotráfico y las rutas de acceso a las ciudades. En varias regiones han empezado a recuperar terreno y a crecer. En el Bajo Cauca antioqueño, por ejemplo, donde habían quedado reducidas a menos de 100 hombres, ahora tienen cerca de 600.
En cuanto al Eln, aun en medio de su debilidad militar conserva intacto su mando central, y en algunas regiones como Arauca y Nariño ha ganado el pulso que mantenía con las Farc, y mediante la vinculación parcial de algunas estructuras al narcotráfico sobrevive a la ofensiva del Estado. Se sabe que ha vuelto a crecer en zonas de Cauca y Nariño y en algunos puntos de la frontera con Venezuela.
No obstante, la mayor preocupación no viene de la efectividad de las estrategias defensivas de la guerrilla, sino del entorno internacional, nacional y regional que tienen estas fuerzas para mantenerse y crecer.
El país está entrando en una innegable recesión económica y los analistas no esperan más de 3,5 por ciento de crecimiento en el PIB, cuando el año pasado creció 7 por ciento.
En estas condiciones será imposible sostener la inversión en defensa de más de cinco puntos del PIB, que fue lo que alcanzó en los últimos años. La ayuda militar promedio de 700 millones de dólares por año que venía desde los Estados Unidos, tampoco se sostendrá por su situación de recesión económica y por los futuros cambios en el Gobierno, que se darán con el triunfo de Barack Obama. Ya Washington ha anunciado el recorte y también la reorientación de algunos fondos para una destinación distinta a la militar.
Y mientras esto ocurre se ha presentado una inesperada y explosiva situación en el sur del país donde las Farc siempre han tenido su mayor asiento: las 'pirámides' se vinieron al suelo porque se agotó su fraudulento sistema de captación de dineros y el Gobierno se vio obligado a intervenir, quizás muy tardíamente.
La ruina de millones de personas que apostaron a las 'pirámides' ha desatado una verdadera rebelión popular con grandes movilizaciones sociales antigubernamentales, hecho que ya se refleja en los sondeos de opinión. Según Gallup, en esta región, el 62 por ciento de los encuestados se muestra contrario a la reelección presidencial y solo un 34 por ciento la aprueba.
No es difícil colegir que la guerrilla tratará de pescar en río revuelto y que aprovechará el momento para estrechar lazos con la población y aumentar el reclutamiento. La primera señal la dieron con su ataque a la Inspección de Policía en Puerto Asís, Putumayo, donde murieron varios uniformados y los guerrilleros dejaron un comunicado en el que expresaban su solidaridad con los damnificados de las 'pirámides' y señalaban la responsabilidad del Gobierno en la crisis.
Tampoco son desdeñables las dificultades por las que atraviesa el Ejército. La tragedia de varios jóvenes que fueron sacados con engaños de la población de Soacha y aparecieron muertos en Norte de Santander a manos de militares destaparon una secuencia de "falsos positivos" o cadena de ejecuciones fuera de combate que llevaron a la separación fulminante de 27 altos oficiales y a la renuncia del comandante del Ejército, general Mario Montoya. Esta situación no solo inhibe un poco la acción militar sino que ha creado tensiones innegables entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas.
Los escenarios de 2009
Después de la 'Operación Jaque', lo que traslucían todas las declaraciones oficiales era que, en lo que restaba de su segundo mandato, el gobierno de Uribe buscaría afanosamente darle una estocada final a las guerrillas, destruir sus fuerzas al estilo del Perú en los años noventa del siglo pasado. Pero con la nueva situación de dificultades para la financiación de la guerra, de fatiga del Ejército y de crisis en el sur del país, no es descartable que empiece a abrirse paso un nuevo escenario: acercamientos entre las partes para iniciar negociaciones.
Sin embargo, esto implicaría cambios de lado y lado que no son fáciles de poner en marcha porque, en los últimos seis años, los contendientes han estado empeñados en la derrota del contrario. ¿Puede Alfonso Cano convencer a sus huestes de iniciar conversaciones con un Gobierno que les ha dado tan duro? ¿Puede el presidente Uribe dejar atrás la euforia del triunfo y nombrar un nuevo equipo que le permita tender puentes con la guerrilla?
En todo caso hay dos factores que no le dan espera el presidente Uribe y a su gobierno: el diseño de una estrategia para atender la grave crisis del sur del país; y empezar a atacar de frente a las reductos paramilitares y bandas emergentes para romper cualquier complicidad o complacencia de la fuerza pública con estos grupos ilegales.
Los departamentos del sur van a necesitar una intervención más de tipo económico y social que militar, y en esto quizás resulten providenciales los cambios en el Plan Colombia. También podría aprovecharse el remezón que trajo consigo el destape de los "falsos positivos" para hacer una revisión profunda de las conductas en las Fuerzas Armadas y hacer un pacto interno para cortar todo vínculo con acciones y fuerzas ilegales.
León Valencia Agudelo
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co